La impostora interior: cómo convivir con ella sin dejarle el micrófono
- Sara Pastor
- 24 nov 2025
- 2 Min. de lectura

Hay una voz dentro de ti que no aparece en tus fotos, pero que te acompaña a todas partes. Ésa que susurra cada vez que logras algo.
“¿Estás segura de que lo mereces?” “¿Y si solo fue suerte? “En cualquier momento se van a dar cuenta de que no eres tan buena.”
Sí. Esa es la impostora interior. Y no, no eres la única que la escucha.
La impostora no quiere arruinarte, quiere protegerte (aunque lo haga fatal)
La impostora interior no nace del ego, sino del miedo.
De la necesidad de encajar, de hacerlo bien, de no decepcionar.
Es esa parte tuya que aprendió desde muy temprano que ser perfecta era más seguro que ser humana.
Así que cada vez que algo va bien, ella se asusta. Y hace lo que sabe: pone en duda todo. No porque te odie, sino porque no confía en que puedas sostener el éxito sin tropezar.
Pero aquí viene lo curioso. La impostora no desaparece cuando mejoras. De hecho, a veces se hace más ruidosa cuantas más creces.
Porque crecer significa salir del lugar conocido. Y la impostora odia lo desconocido.
Hay que aprender a convivir con ella(no a callarla) La buena noticia es que no tienes que eliminarla.
Solo tienes que bajarle el volumen. Imagina que tu mente es una mesa redonda, ahí estás tú, tus ganas, tus miedos, tu impostora, tu creatividad, tu intuición...
La impostora puede sentarse, claro. Pero no tiene derecho a agarrar el micrófono.
Puedes escucharla, reconocerla y luego decidir “Gracias por tu opinión, pero hoy voy a actuar igual.”
Ese es el poder, no dejar que la duda defina tus pasos.
Porque el valor no viene cuando la voz del miedo se apaga, sino cuando sigues adelante a pesar de oírla.
Muchas veces la impostora se disfraza de perfeccionismo, “No es suficiente aún.”
“Necesito prepararme más.” “Cuando esté lista, lo haré.”
Pero la verdad es que la impostora (Según pienso yo ) no quiere perfección. Quiere control.
Y como la vida no se puede controlar, siempre encuentra una excusa para detenerte.
Por eso, a veces ser valiente, se ve cómo hacerlo mal igual.
Y NO! es como enviar el mail temblando, hablar en la reunión, aunque la voz tiemble,
o publicar ese proyecto, aunque todavía no esté perfecto.
No esperes a que desaparezca el miedo. Empieza mientras tiemblas.
La impostora también te recuerda que te importa. ¿Sabes algo?
Esa voz aparece justo porque lo que haces te importa de verdad. Si no te importara, no te cuestionarías tanto.
Así que, en lugar de pelearte con ella, puedes agradecerle por recordarte que estás haciendo algo que vale la pena.
Pero luego, dile con cariño: “Tranquila. Hoy guio yo.”
Tal vez la impostora nunca se vaya del todo, y eso está bien.
Porque cada vez que la escuches y sigas adelante de todas formas, le estás enseñando algo nuevo. Que puedes tener miedo y aun así avanzar.
El verdadero empoderamiento no siempre suena a “yo puedo con todo.”
A veces suena más bien a “Sí, tengo miedo. Pero igual lo voy a intentar.”
Y ahí, justo en ese momento, la impostora se queda callada…porque entiende que ya no tiene el micrófono.
Te quiero siempre
Sara Pastor, una mujer que no caduca
